El malecom de Neiva, llegamos sobre las dos de la tarde, el calor es abrasador, le dan ganas a uno de bajarse de la flota y tomarse una cerveza en alguna de las tiendas que se ven en el lugar, pero ya tendremos tiempo para eso, por ahora lo importante es llegar a la terminal y cumplir la tarea que hemos venido a desarrollar.
Neiva es una ciudad mediana, tranquila y acogedora, y aunque la premura del viaje no nos permite quedarnos más tiempo a disfrutar de la ciudad, nos quedan las ganas de volver algún día.
Neiva, agosto 2013
lunes, 15 de junio de 2015
lunes, 8 de junio de 2015
bogota rural
Quiba (en idioma chibcha significa "bosque hermoso") es uno de los pocos refugios rurales que quedan en Bogotá. Hace mucho frío, y el día está nublado, aún así nos aventuramos a explorar este lugar que hasta ahora solo conocíamos en fotos.
El recorrido comienza en El Lucero Bajo, allí se toma un bus que lo lleva a uno al barrio Los Alpes, llegamos al paradero y empezamos a andar, el camino es destapado, la tranquilidad del lugar se interrumpe de vez en cuando por las ráfagas de viento venido del Sumapaz, aunque no llueve sólo nos queda relajarnos y tomar el camino con calma.
En menos de media hora ya se ve el caserío, lo que más llama la atención es la cúpula de la iglesia de San Martín, de estilo colonial construida por el poeta Jorge Rojas, como es lunes festivo y es muy temprano " no se ve un alma" y no hay ningún comercio abierto, sin embargo se puede notar que hay tiendas, canchas de tejo, una gallera y hasta una pista de paint ball. Podés sentarte en la plazoleta de la iglesia y divisar gran parte de la sabana bogotana, nada más relajante. El viaje continúa hacia otra vereda, El Mochuelo, y aunque el clima sigue siendo muy frío, el camino ha sido ameno, no hay tiempo para sentir cansancio, nos queda un trayecto largo por recorrer.
Bogotá, junio 8 de 2015
El recorrido comienza en El Lucero Bajo, allí se toma un bus que lo lleva a uno al barrio Los Alpes, llegamos al paradero y empezamos a andar, el camino es destapado, la tranquilidad del lugar se interrumpe de vez en cuando por las ráfagas de viento venido del Sumapaz, aunque no llueve sólo nos queda relajarnos y tomar el camino con calma.
En menos de media hora ya se ve el caserío, lo que más llama la atención es la cúpula de la iglesia de San Martín, de estilo colonial construida por el poeta Jorge Rojas, como es lunes festivo y es muy temprano " no se ve un alma" y no hay ningún comercio abierto, sin embargo se puede notar que hay tiendas, canchas de tejo, una gallera y hasta una pista de paint ball. Podés sentarte en la plazoleta de la iglesia y divisar gran parte de la sabana bogotana, nada más relajante. El viaje continúa hacia otra vereda, El Mochuelo, y aunque el clima sigue siendo muy frío, el camino ha sido ameno, no hay tiempo para sentir cansancio, nos queda un trayecto largo por recorrer.
Bogotá, junio 8 de 2015
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